¡A volar!

Escrito por: Veronica De La Hoz en

«Sabemos lo que somos pero no lo que podemos llegar a ser» William Shakespeare

¡A volar!

Día a día nos disponemos a mejorar nuestras habilidades individuales para así fortalecernos como equipo y estar en la capacidad de actuar según nuestros pilares -Innovación, Efectividad y Confianza- ante los objetivos de nuestros clientes.

Por ello, contamos con la asesoría de Eustorgio Carrasquilla, consultor en temas de Clima Laboral y Cultura Organizacional, quien de manera semanal nos mueve a reflexionar sobre aquellos aspectos que nos unen e impulsan como familia creativa.

En nuestro último encuentro con Eustorgio, discutimos las enseñanzas que nos deja la Parábola del Águila, aquélla que cuenta la historia de un ave que crece y convive con pollos, creyéndose uno de ellos, hasta que un naturalista la reta a abrir sus alas y volar. Al comienzo el águila regresa a su sitio de pollo, pero después de tres intentos por fin se lanza al vacío y planea.

En la parábola, el rey de las aves se limita por lo que considera como “propio”, “normal” o “tradicional”, y no actúa según sus capacidades reales. En el caso de cada uno de nosotros, las limitaciones también se hacen presentes, debido a lo que consideramos “normal”, o incluso “cómodo”, aun cuando sabemos que podemos exigirnos mucho más para revelar nuestra verdadera esencia y espíritu.

Enfrentar los retos, salir de nuestra zona de confort, enseñar y aprender a volar, perseverar, suprimir nuestros propios miedos y limitaciones, llenarse de valentía y coraje para afrontar las amenazas del entorno, son algunas de las conclusiones que surgieron de ese encuentro, y las que cada quien procura interiorizar para evolucionar en nuestro recorrido individual y de equipo en Agencia GUIDOULLOA.

Parábola del águila

Érase una vez un hombre que caminaba por el bosque, encontró un aguilucho, se lo llevó a su casa y lo puso en su corral, donde pronto aprendió a comer la misma comida que los pollos y a conducirse como estos.

Un día un naturalista que pasaba por allí, le preguntó al propietario por qué razón un águila, el rey de las aves y los pájaros, tenía que permanecer encerrado en el corral con los pollos. Como le he dado la misma comida que a los pollos, y le he enseñado a ser como un pollo, nunca ha aprendido a volar”, respondió el propietario; se conduce como los pollos y por tanto no es un águila”. Sin embargo, insistió el naturalista, tiene corazón de águila, y con toda seguridad se le puede enseñar a volar.

Después de discutir un poco más, los dos hombres convinieron en averiguar si era posible que el águila volara. El naturalista le cogió en sus brazos, suavemente y le dijo ¡Tú perteneces al cielo, no a la tierra, abre las alas y vuela!. El águila sin embargo estaba confuso: no sabía qué era y, al ver a los pollos comiendo, saltó y se reunió con ellos de nuevo.

Sin desanimarse, al día siguiente, el naturalista llevó el águila al tejado de la casa y la animó diciéndole ¡Eres un águila, abre las alas y vuela!”; pero el águila tenía miedo de su yo y del mundo desconocido y saltó otra vez en busca de la comida de los pollos.

El naturalista se levantó temprano al tercer día, sacó el águila del corral y lo llevó a una montaña. Una vez allí, alzó al rey de las aves y lo animó diciéndole ¡Eres un águila y perteneces al cielo, ahora abre las alas y vuela!”.

El águila miró alrededor, hacia el corral y hacía arriba, al cielo. Pero siguió sin volar. Entonces el naturalista lo levantó directamente hacia el sol; el águila empezó a templar y abrió lentamente las alas y finalmente con un grito triunfante voló alejándose hacia el cielo.

Es posible que el águila recuerde todavía a los pollos con nostalgia; hasta es posible que de cuando en cuando vuelva a visitar el corral. Pero nunca vivió más vida de pollo; siempre fue un águila, pese a que fue mantenida y domesticada como un pollo