Cuando las pequeñas cosas hacen la diferencia

Escrito por: Rosa Maza en

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Siempre que tenemos un taller con Alberto Ulloa, nuestro consultor en Desarrollo Humano y Neuromarketing, estamos a la expectativa de cuál será el tema del que nos hablará porque como es costumbre, nos termina sorprendiendo y motivando a seguir haciendo todo con pasión tanto en el ámbito personal como en nuestro trabajo.

El pasado viernes, Alberto nos estuvo hablando acerca del método japonés Kaizen, que significa “mejoramiento continuo” y es aplicado para alcanzar estándares de calidad en las empresas.

El término, procedente de la cultura japonesa, la cual promueve que ningún día debe pasar sin una cierta mejora, se volvió más popular después de 1950, cuando Japón logró convertir su industria en una de las principales economías del mundo, al combinar la filosofía de superación de los orientales con la inteligencia racional de los occidentales.

Si quieren saber más del tema, pueden consultar en toda la bibliografía que está disponible en internet sobre los conocimientos impartidos por Kaoru Ishikawa, William Edwards Deming y Joseph Juran, acerca de la estrategia de mejora de la calidad Kaizen.

Ahora bien, se preguntarán por qué toda esta carreta que les he escrito debería interesarles; pues bien, en ese taller descubrimos que no solo el método de mejora continua se puede aplicar en los procesos de las empresas para resultados de calidad, sino en los grandes logros que queremos alcanzar a nivel personal.

Resulta más fácil adquirir nuevos hábitos, dejar algunos, o alcanzar metas que se nos hacen muy difíciles, si lo hacemos poco a poco y no pretendemos hacerlo de un día para otro.

La clave está en hacerlo a diario en pequeñas proporciones para conseguirlo más fácil y para evitar el desánimo si algo no sale como esperamos, aplica para aprender otro idioma, bajar o subir de peso, ser más efectivo en lo que haces, dejar de fumar, dejar el alcohol, levantarte más temprano, hacer ejercicio, mejorar tu alimentación, aprender a conducir, enseñar algo de lo que sabes, ser más paciente, aprender a usar cierto aparato electrónico, ser más ordenado, emprender un nuevo proyecto y hasta sanar resentimientos y perdonar.

El miedo al fracaso y el afán de ver resultados inmediatos, es lo que nos lleva de una u otra forma a buscar las salidas más rápidas que no siempre son las más efectivas.

Una visión a largo plazo en la que nos tracemos metas en un proceso progresivo, ayudará a nuestra evolución, a un crecimiento continuo y a lograr los cambios que queremos con resultados verdaderos y sostenibles.

La invitación es a evolucionar con el método Kaizen, tanto en nuestro trabajo como en nuestra vida cotidiana. Con pequeños cambios podemos hacer la diferencia.