Gung Ho: la filosofía del cambio empresarial

Escrito por: Julio Morelos en

Equipo GUIDOULLOA

Hace algunos días, varios de los que conformamos esta Agencia nos encontrábamos elaborando la estrategia de comunicaciones para una de las empresas más importantes del país. En realidad se trataba de un proyecto que por la dimensión de sus efectos, nacionales e internacionales, necesitaba de nuestro máximo empeño y a Dios gracias conseguimos estar a la altura de las expectativas.

Les contamos que entre talleres creativos y ejercicios de preparación de la campaña, empleamos poco más de dos semanas, puesto que lo pretendido era generar los cambios necesarios para que los trabajadores de esa compañía fuesen más responsables, eficientes y dinámicos a la hora de desempeñar sus funciones.

En este orden de ideas, ahora tenemos otro gran objetivo: que ustedes implementen en sus trabajos, y por qué no, en sus vidas, la filosofía que utilizamos y que les vamos a presentar.

Ahora bien, tal como lo explica Fernando Savater en el libro Las preguntas de la vida: “aplicar una filosofía no es simplemente un acto de repetición de pensamientos ajenos, no. Más bien es el ejercicio de enseñar a montar en bicicleta. Pero atentos, el lector tiene el deber de pedalear con el autor o incluso contra él”. Esto para decir que cada quien es libre de validar o no la propuesta que les enseñaremos.

En síntesis, la historia está basada en hechos reales y trata sobre cómo Peggy Sinclair, gerente general de la petrolera Walton Works, logra salvar de la quiebra a dicha planta y de cómo estimula e intensifica la potencia de toda su fuerza laboral.

¿Cómo lo consiguió?

La mencionada empresa formaba parte de una matriz corporativa en la que el resto de sus componentes producía generosos y constantes rendimientos menos ella. A decir verdad, en ese lugar todo marchaba cuesta abajo, ahí reinaba el caos y la desesperanza, razón por la cual el Mr. Morris, su presidente, toma la inapelable decisión de cerrarla en seis meses.

Ese mismo señor, eleva al grado de directora de la empresa a la Srta. Sinclair, la empleada que consideraba su piedra en el zapato, con el animo de apartarla para siempre de su camino. Lógicamente ella no tenía la menor idea de las siniestras intenciones de su jefe y acepta con agrado la nueva, pero compleja responsabilidad. Lo que vino después fue enterarse de las verdaderas motivaciones de su nombramiento y del terrible estado financiero del grupo empresarial.

Por esos días forja una linda amistad con Andy Longclaw, un trabajador odiado por cierto sector dirigencial, pero de lejos el mejor de la compañía.

Andy era descendiente directo de los indios chéroqui y tenía un Master en Administración de empresas. A este personaje le aprendió la filosofía Gung Ho, una disciplina para alcanzar metas basada en: El espíritu de la ardilla, el estilo del castor y el don del ganso. Confiamos en que a partir de su aplicación, se produzcan muchas consecuencias positivas en sus realidades:

El espíritu de la ardilla 

Las ardillas trabajan arduamente porque su esfuerzo vale la pena y aquí hay tres lecciones por aprender: primero, el trabajo debe ser visto como algo importante; segundo: debe llevar a una meta comprendida y compartida por todos; y la tercera, los valores deben orientar todos los planes, las decisiones y las situaciones. Esos tres elementos hacen del trabajo algo que vale la pena. Si desea que las personas sean Gung Ho y trabajen con el espíritu de las ardillas, primero deben comprender la razón por la cual son necesarias. Por qué su trabajo hace que el mundo sea un sitio mejor para vivir.

El estilo del castor

En la comunidad de los castores no se ve a alguien al mando, ellos se dan instrucciones entre si. Cada castor tiene el control sobre su destino. Ellos deciden como debe hacerse el trabajo, pues operan como contratistas independientes.

Aunque todos tengan el espíritu de la ardilla, la organización no puede ser Gung Ho si obliga a sus trabajadores a trabajar bajo unas reglas impuestas. Los castores trabajan a su estilo sin esperar las ordenes de otro castor, ellos hacen uso de su buen criterio para reparar o construir las represas que les sirven de madriguera. Es importante saber que los castores hacen lo que hacen porque quieren. No porque alguien los obliga a hacerlo. El estilo del castor implica que los miembros de su equipo deben ejercer el control sobre el cumplimiento de sus metas. Ellos están capacitados para hacer una represa de palos y ramas, si los ponen a construir una represa de concreto no podrán hacerlo. Hacen el trabajo para el cual están capacitados.

El don del ganso

El don del ganso es muy sencillo, pero al mismo tiempo poderoso.

Estos animales se comunican mucho entre sí y, al volar, cambian organizada y rápidamente de líder. Se comportan como si se estuviesen diciendo: “todo está bien, nuestra realidad es espectacular”.

Esencialmente se trata de voces de aliento para que el resto del equipo siga firme y confiado hacía adelante. Resumiendo, el espíritu de la ardilla y el estilo del castor son la chispa, y el don del ganso, es como encender la llama con gasolina.